Segunda predicación de este serie de tres basadas en 1 Pedro 4:10-11. Si bien es cierto que cada cristiano ha recibido un don de Dios, también lo es que no los ha recibido todos, y por ello necesita a sus hermanos. La humildad y la dependencia son así fundamentales en la vida de la iglesia local; porque el don que yo no tengo, lo tiene mi hermano, y viceversa. Esta realidad constituye un privilegio glorioso, pero a la vez encierra una grave responsabilidad.