Con cierta regularidad deberÃamos evaluar el nivel de madurez o crecimiento de nuestro carácter cristiano. La razón es que podemos estar siendo guiados hacia conceptos "espirituales" que distorsionan el Evangelio y nos estancan o desvÃan de la meta del supremo llamamiento. Mirémonos, evaluémonos, corrijamos y prosigamos.